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viernes, marzo 22, 2019
Urabà

Mediante emprendimientos culturales, Urabá se transforma

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En una zona, que es la principal productora de banano de Colombia y una de las más azotadas por la violencia, 107 gestores culturales desarrollan sus ideas de negocio y han comenzado sus propias empresas.

La región del Urabá, al noroeste del país, se plantea la reinvención de su modelo de desarrollo con el fortalecimiento de emprendimientos culturales para diversificar su economía y, a través del arte, reivindicar un territorio golpeado por la violencia.

Esa rica región agrícola, que es la principal productora de banano de Colombia, vive aires de transformación con la puesta en marcha de un proyecto de acompañamiento y capacitación, que le permitió a 107 gestores culturales afianzar sus ideas de negocio y hacer empresa.

Entre miles de racimos de banano, también cuelgan las ilusiones de artistas y artesanos que han empezado a materializarse. El proyecto se dio gracias a una alianza entre la caja de compensación Comfama, la Fundación Sura y la Corporación Interactuar, los promotores del proyecto.

“Esta es una apuesta muy grande, busca desarrollar competencias empresariales y ser un escenario para reconciliarnos con un territorio que tiene un estigma de violencia”, expresóel gerente del proyecto, Lenis Agudelo.

Precisó que el proceso se inició con 280 emprendimientos, pero se enfocó en las apuestas más atractivas en artes escénicas y visuales, además de las de música y artesanías.

“Que la región empiece a consumir cultura”, fue uno de los propósitos de las asesorías en modelo de negocio, producción musical, innovación, colorimetría, artes escénicas y propiedad intelectual, entre otras.

Para el director ejecutivo de Interactuar, Fabio Andrés Montoya, en la cultura hay una oportunidad “muy importante” para emprender y generar desarrollo, en especial en una región con un “potencial gigante”.

“Estoy convencido de que el Urabá a través del arte y la cultura puede tener una línea de desarrollo económico y social más grande que la agrícola”, apostilló Montoya.

En el municipio de Chigorodó, una muestra de ello es el grupo de danza Son Candela, que trasciende las coreografías con creaciones artísticas que “conversan” con la ancestralidad afrocolombiana y que ha transformado el contexto de sus integrantes.

“No hay nada más resiliente que el arte”, dijo Ana Rosa Castro Maturana, la directora del grupo, quien tiene a cargo a 200 personas, entre ellos niños y adolescentes, que han visto en la danza una forma de “sanar” y “liberarse” de las secuelas del conflicto.

El Urabá por su ubicación geográfica, con costas sobre el Atlántico y fronterizo con Panamá, se convirtió en un cruce de caminos muy disputado por grupos armados ilegales para el tráfico de armas y drogas, así como un lugar de tránsito para inmigrantes extranjeros ilegales.

Ana Rosa, de 33 años, hija de una maestra y un policía, palpó la guerra cuando “las FARC se tomaron la región” y fue desplazada de su territorio en 1995. Un recuerdo que la llevó a trabajar con su sensibilidad artística por un “cambio de mentalidad”.

Hoy, con la asesoría de expertos, ve a Son Candela fuerte para continuar con esa misión y la visualiza como una empresa a largo plazo que “puede llegar a distintos escenarios y estar a la altura de artistas internacionales”.

Con esa misma energía se muestra el músico chileno Mauricio Arayacon su agrupación Palo e’ mango, que nació en las playas del municipio de Necoclí para fusionar música ancestral como el tradicional bullerengue con ritmos modernos.

Araya, participante del proyecto de emprendimiento y beneficiado con un estímulo económico que permitirá la grabación de un disco, quedó atrapado hace cinco años en el magnetismo del Urabá, donde “hay mucho por hacer” en el tema artístico.

“Es una zona exótica, con naturaleza exuberante, gente afable y mucha cultura y arte, que lamentablemente no se ha mostrado afuera”, sostuvo el también productor y DJ.

Danni González, de San Pedro de Urabá, aprender a tejer con ayuda de revistas y vídeos en internet le desató su creatividad, pero la capacitación con artesanos le permitió crear una empresa con cinco empleadas que fabrican bolsos y trajes de baño en trapillo (tela reciclada), cuero e hilo.

“El tejer no lo veía como una idea potencial de negocio”, contó la creadora de Danni Crochet, quien además dicta talleres a mujeres que quieren “empezar crear y a vivir de sus manos”.

Como ella, hay otros emprendedores que “trabajaban aislados”, según explicó María José Ramírez, responsable de emprendimiento en Comfama, y que ahora están reunidos en un proyecto de acompañamiento que probó que juntos son “una potencia en red”.

“En el talento, en la diversidad y en la cultura que hay en la región de Urabá hay una oportunidad muy grande para crecer, crear y desarrollar negocios sostenibles”, concluyó Ramírez.

elespectador

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