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Entrevista con el verdadero Papá Noel

La región de Laponia, en el norte de Finlandia, es un bosque inmenso de 100.000 kilómetros cuadrados donde hay montañas llenas de pinos, lagos que permanecen congelados durante más de la mitad del año y nieve continua desde octubre hasta mayo. El paisaje es totalmente blanco y la población de renos que vagan libres por todas partes –y que sobrepasa los 200.000– supera a los 180.000 habitantes que viven en pequeños pueblos con casas de madera.

Laponia es límite del mundo. Para llegar hasta allá hay que tomar un tren desde Helsinki –la capital de Finlandia– hasta Rovaniemi, la ciudad más poblada de la región. Son ocho horas de camino hacia el norte que terminan en el círculo polar ártico, el paralelo 66, la línea imaginaria que marca el límite de un lugar donde en verano hay sol de medianoche y donde, en invierno, solo aparece por unas pocas horas al día rozando el horizonte hacia el sur. En diciembre, por ejemplo, Rovaniemi solo cuenta con tres horas de luz, la temperatura promedio es de 10 grados centígrados bajo cero y, sin embargo, alrededor de 80.000 personas de todo el mundo van a esa ciudad a pasar los últimos días del año; la mayoría, claro está, en avión.

Hay una buena razón para sacrificar el calor del trópico e irse en invierno a Rovaniemi. A diez minutos del centro, justo por donde el paralelo 66 atraviesa la ciudad, Papá Noel tiene registrado su domicilio oficial: allí queda una oficina avalada por el servicio postal de Finlandia –su código es FI-96930 Arctic Circle, por si quieren escribir– y la Oficina de Santa Claus, una casa donde varios duendes con gorros puntiagudos de colores guían a los visitantes hasta una sala donde está sentado el verdadero Papá Noel, que a pesar de su edad ha ido a trabajar todos los días, sin falta, desde que inauguró el lugar en 1985. En el mismo lugar también hay corrales con renos y hoteles temáticos de Navidad.

Santa Claus siempre se viste con un abrigo rojo. Lleva una barba blanca que le llega hasta las rodillas y siempre se pone botas de cuero, un accesorio obligatorio para el durísimo clima de Laponia. Aunque no recuerda su edad, dice estar seguro de haber nacido en Laponia hace más de 320 años. En esencia, Papá Noel es un pastor de renos que vivió casi en el anonimato, como una leyenda. Le decían Padre Navidad, Santa Claus y Joulupukki, entre muchos otros nombres, e incluso un escritor estadounidense llamado Clement C. Moore lo confundió con otra persona en 1827, cuando lo describió volando con ocho de sus renos en el poema “Una visita de San Nicolás”.

–No somos la misma persona –dice Santa riendo–. Pero creo recordar que San Nicolás y yo fuimos muy buenos amigos.

En 1927, sin embargo, Santa Claus dejó de ser una leyenda. Fue Markus Rautio, una de las grandes voces radiales de Finlandia, quien lo sacó a la luz pública durante su programa La hora de los niños con el tío Markus, que era todo un fenómeno mediático de la época. Según la biografía oficial de Rautio en YLE, la Compañía de Radiodifusión Finlandesa, durante un programa de Navidad uno de los niños le preguntó en vivo al presentador por qué el regalo que le habían enviado no tenía una dirección de remitente, entonces Markus contestó que Joulupukki vivía en Korvatunturi, una montaña inaccesible de Laponia que queda justo en la frontera entre Rusia y Finlandia. Los niños de todo el país supieron entonces que el padre de la Navidad no era un mito: que era un hombre real y que vivía en la Laponia finlandesa.

ELTIEMPO