Urabà

Juan Cuadrado, ejemplo de superación

El deporte tiene muchas historias de superación. Y sin dudas, la de Juan Guillermo Cuadrado es una de ellas. El futbolista colombiano, hoy una de las grandes figuras del fútbol de su país y del mundo, sufrió desde chico no sólo por la pobreza, también por la violencia. Con apenas cuatro años perdió a su papá, quien fue asesinado en la puerta de su casa luego de un tiroteo.

Eran tiempos difíciles en Colombia, entre las guerrillas de las FARC y los grupos que las enfrentaban. Fueron momentos duros para la familia Cuadrado. Desde lo emocional por la perdida del ser querido, y también desde lo económico. Sin el ingreso que generaba el papá, quien trabajaba como repartidor de bebidas, fue la mamá, Marcela, quien se convirtió en el sostén de la familia. Mientras ella trabajaba en una plantación de bananas, Juan Guillermo cuidaba a su abuela y al menos, se mantenía lejos de las calles.

Los Cuadrado se mudaron de Necoclí a Apartadó, un pueblo vecino, buscando calma. Y de a poco la fueron encontrando. Juan Guillermo pasaba mucho tiempo en las calles, pero cerca de una pelota de fútbol y lejos de las armas. Así, con 12 años, se anotó en la escuelita del Manchester Fútbol Club de Apartadó. Pocos confiaban en lo que podría aportar como futbolista profesional, ya que era muy bajo de estatura para su edad. Sin embargo, sus cualidades futbolísticas no pasaron inadvertidas para algunos de los formadores.

Del Manchester saltó al Club Atlético Urabá, más tarde a Rionegro, de la Segunda División de Colombia, y luego, llegó el debut en el profesionalismo con Independiente Medellín. Enseguida partió hacia Europa, y con 21 años fue contratado por el Udinese. Fue el inicio de una carrera exitosa: Lecce, Fiorentina, Chelsea y Juventus, donde juega en la actualidad, ayudaron a dejar atrás esos años de terror de la infancia.

Los primeros tiempos en el Viejo Continente fueron duros: hubo que cambiar de hábitos, acostumbrarse a la nueva vida, lejos de la familia y los afectos. Recién en Lecce puso afianzarse, y después fue la Fiore la que decidió contratarlo. Allí se vio lo mejor del futbolista colombiano: jugó 106 partidos y marcó 20 goles, y comenzó a sonar como refuerzo de los grandes de Europa.

El Chelsea lo fichó. Pero lejos de ser un salto en su carrera, los Blues no le dieron muchas chances de mostrarse. Jugó poco y nada, pese a llegar por expreso pedido de José Mourinho. Inglaterra, por el idioma y las costumbres, dejó poco para destacar. Por eso a mediados de 2015 volvió a Italia, pero con la camiseta de la Juventus. Para la Vecchia Signora, Cuadrado se convirtió en un jugador clave, ganando seis torneos en total y mostrando su mejor versión con la número siete en la espalda. La misma que hoy le cedió a Cristiano Ronaldo.

En la Selección también vivió un capítulo especial: participó en dos Mundiales, y en tres Copa América. Y fue clave para José Pekerman en todo su ciclo.

No sólo triunfó en el fútbol. El aporte social de Cuadrado para sacar a los chicos de las calles y alejarlos de las drogas fue muy grande en los últimos años. Su Fundación, viene trabajando con intensidad en los barrios más pobres de Medellín, y por supuesto, en su ciudad natal.

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