Urabà

El lío fronterizo que resolvió el Clan del Golfo (por ahora)

A las diez y media de la mañana del viernes pasado empezaron a llegar embarcaciones llenas de migrantes africanos, asiáticos, haitianos y cubanos al puerto de Capurganá, el penúltimo pueblo al norte de Colombia antes de llegar a la frontera panameña. 

Ese lugar, con alrededor de cuatro mil habitantes, es un corregimiento de Acandí, Chocó, un reconocido y paradisíaco destino turístico de nacionales y extranjeros, en donde más del 80 por ciento de las personas vive del turismo. 

Pero también es la parada de miles de migrantes irregulares que vienen del sur del continente, entran a Colombia por la frontera de Nariño y buscan seguir hacia los Estados Unidos. La mayoría no cuenta con documentos, pero Migración les da un papel -salvoconducto- que les permite transitar por el país durante 15 días. 

En total, entre viernes y sábado, fueron 1.250 los que llegaron a Capurganá en 20 lanchas desde los puertos de Necoclí y Turbo, en el Urabá antioqueño. Y luego, en grupos de entre 60 y 70 personas, siguieron su paso hacia Panamá.

La razón de que llegaran tantos al mismo tiempo es que hace 20 días un grupo de mujeres de Capurganá protestó porque, según ellas, el tránsito de migrantes les está causando problemas y el Gobierno no les da solución. 

La movilización tuvo como efecto que las empresas de lanchas de Necoclí y Turbo les dejaran de vender tiquetes a los migrantes, por lo que estuvieron represados en las playas de las dos poblaciones, en carpas y a la espera de que levantaran la medida. 

Aunque delegados del Gobierno Nacional visitaron Capurganá el 26 de marzo para escuchar las quejas y mediar para que los migrantes represados siguieran su camino, solo hasta hace cuatro días pudieron hacerlo. 

Pero no fue por esa visita de Cancillería y Migración, sino por acuerdos entre el consejo comunitario de la región, los coyotes que guían a los migrantes y el Clan del Golfo, que impone su ley en la zona y había prohibido a la población guiar a los migrantes por sus rutas de droga.

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