Urabà

Desplazados de Urabá están en la cárcel acusados de ser despojadores

Este lunes, el juez de segunda instancia deberá resolver la apelación que los abogados de los nueve campesinos hicieron en diciembre.

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El 27 de noviembre de 2019 estas víctimas del despojo, que durante 20 años han reclamado sus tierras en la vereda Guacamayas, en el Urabá antioqueño, fueron capturados.

Los líderes de tierras fueron encarcelados ante el asombro de sus comunidades, que miraban cómo se los llevaban sin importar que fueran adultos mayores o que estuvieran enfermos.

Lo irónico de los hechos es ver que esto estaba ocurriendo con personas como Rosember Ibáñez, uno de 12 campesinos a los que en mayo de ese mismo año el Estado les había entregado la legitimidad de sus tierras, en un acto de restitución en que Ibáñez agradecía así:

«Lo más hermoso que siento es que ya no le voy a tener que trabajar a otros, sino que voy a trabajar en lo propio y voy a sobrevivir con mi familia».

Un sueño que creyeron cumplido cobijados por fallos judiciales a su favor, uno de la Corte Constitucional de 2017 y otro de la Corte Suprema del 2018 que obligaba a que les devolvieran las tierras. Pero nunca imaginaron terminar tras las rejas, acusados por el delito de ser despojadores, de sus despojadores.

Gerardo Vega, director de la Fundación Forjando Futuros, representa a los campesinos y asegura que detrás de las detenciones están algunos empresarios y políticos influyentes.

«Las detienen diciendo que han cometido concierto para delinquir y desplazamiento, o sea es el mundo al revés, los pájaros tirándole a las escopetas; así de sencillo. Lo desplazadores, los usurpadores de tierras ahora procesan a las víctimas y las hacen meter a la cárcel», advierte Gerardo Vega, director de la fundación.

En total, los reclamantes de la vereda Guacamayas son 200 campesinos con sus familias, que se disputan más de mil hectáreas de ese predio con la empresa Inmobiliaria e Inversiones ASA S.A. Una tierra que fue despojada a estos campesinos por un grupo paramilitar en 1996 comandado por Raúl Hasbún, alias ‘Pedro bonito’, hoy desmovilizado.

Heriberto Úsuga es hijo de uno de los reconocidos líderes reclamante de tierras, que a sus 74 años está en la cárcel. Él cuenta el viacrucis que ha cargado todos estos años:

«Nosotros retornamos a las tierras voluntariamente, a nosotros nadie nos ha dicho nada (…) uno campesino, sin trabajo en el pueblo, sin tener con qué vivir y con familia, uno tiene que arriesgarse, encomendarse a las manos de Dios e irse para su finca», dice.

Hace diez años entraron a las tierras de Guacamayas para resistir pacíficamente, estaban cansados de esperar una respuesta a sus reclamos por parte del Estado. Aquí no viven tranquilos, la confrontación con los despojadores es constante.

Los testimonios recogidos por la Fundación Forjando Futuros en los predios de la hacienda Guacamayas en el 2016 dan buena cuenta de lo que pasa:

«Nosotros estábamos jugando futbol ahí con mis hermanos, ahí se metieron tres tipos con armas largas y cortas”, contó el hijo de una familia de reclamantes.

«Identificándose como el grupo Autodefensas Gaitanistas”, comentó Sandra Milena Medrano, reclamante de tierras.

«Nos llevaron en fila, que no tuviéramos ganado aquí, que ellos venían pronto y que cuando vinieran que no querían ver gente ni animales», dijo el mismo menor.

«Que si nosotros queríamos reclamar tierras reclamáramos allá afuera porque aquí nosotros no teníamos tierras para reclamar y que teníamos las cero horas para salir de las fincas (… ) que le dijéramos a todas las personas de Las Guacamayas que salieran de aquí porque la próxima que vinieran no iban a perdonarle la vida a nadie», narró en otro aparte Sandra Milena Medrano.

Alertas tempranas sin resultados en Urabá

Las alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo, que no han sido acatadas, han reportado en varias ocasiones cómo las cosas van de mal en peor, es un escalonamiento del conflicto.

En fotos se ve el estado en que quedaron las casas de los campesinos, destruidas a manos de los trabajadores de la hacienda. En otra se ve la casa del mayordomo destruida por los campesinos. Agresiones van y viene sin que se dé una claridad definitiva sobre, ¿de quién es la tierra en Guacamayas?

«Detrás de esto hay unos grandes macroproyectos (…) en este momento está latente por un problema de restitución de tierras, no se ha iniciado porque hay un tema de situación de tierras y lo que hicieron fue sacar a la gente, despojar a la gente para esos grandes proyectos de ganadería», advierte el director de Forjando Futuros.

Días después de la detención de su padre, Heriberto Úsuga sufrió un atentado del cual sobrevivió para contar el tamaño de las agresiones:

«Cuando el señor me vio paró el carro y yo también paré la moto. El señor me dijo: ‘Sí, Úsuga’, porque me dice así, ‘¿Me vas a robar la finca?’, me dijo el viejo: ‘¡Lo voy a matar!, lo voy a mandar matar’, me lo dijo dándole la vuelta al carro, me lo dijo frente a frente», narra.

Una situación que empeoró hace pocos días.

«A la 1:30 de la tarde cuando me fui para la casa a preparar un jugo, en ese instante, me pegan el primer tiro; eso sonó muy claritico ‘piauuu’. Me dio mucho miedo, yo brinqué para arriba y por ahí derecho sonó el otro, el ganado salió corriendo y yo salí corriendo por la platanera», recuerda Heriberto Úsuga.  

Estuvo escondido en el monte tres días. Y como si el miedo fuera poco, a su  familia le llegó una contra propuesta para negociar.

«Que si mi papá entrega las fincas los sueltan, si mi papá no entrega las fincas seguirá pagando cárcel, esto es una trampa es por las fincas aquí no hay más nada. Esas cosas nos están probando que esos campesinos los tienen en la cárcel por las fincas, por las tierras«, sustenta Heriberto.

Con estas detenciones, ¿se estaría revictimizando a los campesinos en Guacamayas? Rosember, Saulo David, Tito David, Sandra, Omar, Víctor Manuel y sus sobrinos Fredy y Julio y Edilberto Úsuga, son los nueve campesinos reclamantes puestos en prisión por los delitos de desplazamiento forzado y concierto para delinquir. Ironías de la vida, los mismos crímenes que cometieron sus victimarios contra ellos.

«Es una venganza de los empresarios y de grupos paramilitares para que la gente no siga reclamando la restitución de sus tierras», sostiene Gerardo Vega.

«¿Hasta cuándo vamos a vivir esta situación, cuándo nos van a dar solución, hasta cuándo el presidente va a tocar a fondo esta situación de restitución esa es mi pregunta, hasta cuándo?», se pregunta Sandra Milena Medrano, reclamante de tierras en Guayacanes.

Todo esto está pasando en una de las regiones más ricas de Colombia. Donde hoy existe un temor por la vida de la gente, por la vida de los que bajo la ley de restitución y la justicia están retornando.

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