Urabà

Solo las lluvias pueden calmar la sed que tiene Arboletes hace 4 meses

Si el agua es vida, el municipio de Arboletes, ubicado en el Urabá antioqueño, está medio muerto desde enero. Los 20.000 habitantes del área urbana y otros 15.000 del área rural, según el censo, vienen sintiendo los estragos de una sequía en la que no han recibido ni una sola gota de lluvia.

Así, tal y como narraba el premio Nobel Gabriel García Márquez la sequía en Venezuela para 1958, en su crónica Caracas sin agua, está Arboletes: paralizado económica y socialmente, no solo por la covid-19 que ha obligado a los habitantes a permanecer en casa, sino porque “sin agua, literalmente, no se puede hacer nada”, tal como dice la alcaldesa, Diana Garrido.

Sin reservas

Para comprender cómo es posible que un territorio ajuste más de cuatro meses sin servicio de acueducto, basta con describir que esa localidad costera depende de las aguas lluvias, y si no llueve no hay manera de hacer llegar agua a las casas.

Arboletes cuenta con El Bote, una represa con capacidad instalada para permitir el abastecimiento de ocho meses en el casco urbano. Sin embargo, en palabras del secretario de Planeación, Rubén Londoño, “la sequía llegó en un momento en donde el tanque no estaba lleno y rápidamente se acabaron las reservas”.

Esas provisiones que normalmente permiten que el municipio supere las etapas de sequía no tenían la suficiente cantidad porque, entre otras cosas, “la sequía comenzó justo después de una temporada alta de turismo y, claramente, hay mayor consumo por los visitantes”, narró la alcaldesa.

Entregar vida

La administración dividió el área afectada en dos zonas. Cada familia recibe 100 litros de agua cada dos días para suplir las necesidades, pero, aunque parezca mucho, no es suficiente. Según un informe sobre el uso de recursos hídricos presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en promedio, una sola persona necesita esa cantidad diaria para satisfacer las necesidades tanto de consumo como de higiene.

La entrega se hace con 11 carrotanques que han sido prestados desde diferentes entidades. (Ver recuadro). La administración venía alquilando dos vehículos de este tipo que costaban $1.200.000 para funcionar durante diez horas.

Hasta el pasado 4 de mayo, fecha en que se cumplieron cuatro meses sin agua, el municipio había repartido 32.593.000 litros de agua e instalado 84 tanques de almacenamiento. “En los 36 barrios hay por lo menos un tanque e incluso hay algunos que por su extensión tienen más de tres”, explicó Londoño.

Sobre este esfuerzo que han tenido que realizar las autoridades para lidiar con la doble calamidad, la alcaldesa hizo un llamado para que no los dejen solos. “Es una tragedia estar sin agua y estamos doblemente damnificados, porque no hay cómo asegurar que se cumplan los protocolos de bioseguridad”.

Para buscar una solución a largo plazo, la Gobernación realizó una inversión aproximada de $370 millones en adecuaciones de la represa. Además, se estudia la posibilidad de construir una nueva o buscar soluciones con municipios cercanos que sí tienen acceso a afluentes.

Por ahora, a los habitantes de Arboletes solo les queda esperar. No hay otra forma de que termine esta historia si no justo de la manera en que García Márquez concluyó su crónica: que llueva a chorros .

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